jueves, octubre 06, 2005

Relato: Yo era un soldado

Yo era un soldado. Y ellos eran astros. Eran dioses. Y les odiaba con toda mi alma. Nos veían desde sus pedestales, desde sus mansiones, con sus modélicas y perfectas esposas rubias y de piernas larguísimas. Seguro que las compartían entre ellos, pensaba mientras subía las escaleras. Coincidí con uno de ellos en el colegio. Un hijoputa. No le bastaba con jactarse de darle patadas al baloncito y tener a todas las tías detras suya. Encima tenía la desfachatez de tratarme como una bolsa de basura. Había recibido más de un balonazo suyo en la cara. Ha sido sin querer, decía. Claro, era capaz de colar el balón por la escuadra perfectamente, y sin embargo el darme a mí con la pelota era un error.

El partido había comenzado.

Ni que decir tiene que sus notas eran pésimas. Darle pataditas a una esfera con más neuronas que él consumía todo su tiempo. Había que entenderlo.

Ahora salían al campo. Todo el mundo gritaba de satisfacción. Los ultras ondeaban sus banderas nazis. Otra muestra de inteligencia. Seamos malotes por apoyar a un equipo de extranjeros. Sieg heil. Sieg heil. Quizá alguno recibiría su merecido ahora. Los niños, que llevaban camisetas de 60 euros con publicidad, querían ser como aquellos dioses. Me consolé que quizás muchos de ellos tirarían su vida a la basura por seguirles.

Cuando le ví y le pedí un autógrafo le pregunté si me reconocía. Ni por asomo.

Ya estaba en la parte más alta del estadio. Dejé la maleta en el suelo y la abrí.

Recordé cuando saltaba de alegría cada vez que marcaban un gol.

Ahora se estaban haciendo la foto. Que superchupis. Espíritu de equipo. A ganar. Si pierdes, mueres. Quizás el primero sea el metrosexual.

Ídolos con pies de barro. Mi vida arruinada por su culpa. Tanta confianza en ellos y perdieron la final. Les odio.

Acerqué mi ojo a la mira telescopica y apunté. Apreté el gatillo.

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